¿Y si, sí?
"La pelota no se mancha", dijo Maradona, pero esta vez llegó manchada tanto por el descarado intento de monetizar todo por parte de la FIFA, hasta por el absurdo de entregar un premio de la paz al tipo que declaró una guerra en contra de todo lo que el juego limpio debería significar.
Desde hace décadas, la derecha ha intentado imponer la idea de que México es un “estado fallido”. Una narrativa repetida en medios, discursos y redes sociales, que busca instalar miedo y desconfianza. Sin embargo, el Mundial de la FIFA 2026 ha sido un escaparate que contradice esa visión. Los visitantes que han llegado al país se han encontrado con una realidad distinta: calles llenas de vida, estadios vibrantes, y un pueblo que recibe con los brazos abiertos. México, lejos de la caricatura que algunos quieren imponer, se muestra en relativa paz y calma.
El contraste con Estados Unidos
Mientras tanto, en Estados Unidos, la experiencia ha sido otra. Los visitantes se han enfrentado a revisiones excesivas en aeropuertos, largas filas en migración y un ambiente de desconfianza. Incluso hubo incidentes como el impedimento de paso a un árbitro internacional y el maltrato hacia la selección de Irán, que generaron críticas en medios deportivos y diplomáticos.
En México, por el contrario, los equipos y turistas han sido recibidos con calidez. Los coreanos y japoneses han declarado sentirse como en casa, disfrutando de la hospitalidad y la cultura. Los representantes de Marruecos e Irán han destacado públicamente el respeto y la cordialidad con la que fueron tratados, subrayando que la convivencia con la gente refleja una realidad que la derecha niega: la fortaleza de un pueblo que sabe acoger.
Este contraste no es menor. Mientras en Estados Unidos se privilegia la seguridad entendida como control y sospecha, en México la seguridad se vive como confianza y comunidad. Esa diferencia se percibe en cada gesto, en cada interacción, y termina marcando la experiencia de quienes llegan desde lejos.
La narrativa vs la realidad
La derecha, alejada del pueblo, insiste en menospreciar lo que ocurre en las calles, en los mercados, en las plazas. Pero es ahí donde se construye la verdadera imagen de México. El trato cotidiano, la sonrisa del vendedor, la ayuda desinteresada de un vecino, son los gestos que terminan mostrando al mundo que México no es un país roto, sino uno que sigue de pie, con dignidad y esperanza.
Los visitantes lo han notado. No son los discursos políticos los que definen la experiencia, sino la interacción directa con la gente. Y en ese contacto, México se revela como un país que, pese a sus problemas, sigue siendo capaz de ofrecer paz y prosperidad relativa.
La narrativa del “estado fallido” se derrumba cuando se enfrenta a la realidad vivida por quienes han recorrido las calles de Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México durante el Mundial. Lo que encuentran no es caos, sino organización; no es violencia, sino celebración; no es miedo, sino alegría.
Las selecciones “pequeñas” y el Sur Global
En este Mundial, las selecciones que suelen ser consideradas “pequeñas” han dado espectáculo. Equipos del Sur Global han sorprendido a las grandes potencias, recordándonos que el fútbol, como la vida, no se mide solo en recursos o poder económico, sino en pasión, entrega y comunidad.
El triunfo de Marruecos sobre Tierras Bajas, o de Paraguay sobre Alemania, tiene un paralelismo inevitablemente de cómo los iraníes resistieron y derrotaron a los estadounidenses en la guerra. Ese paralelismo no es casual: muestra que incluso los aparentemente débiles pueden desafiar a los poderosos. Y en ese gesto, muchos encuentran una chispa de esperanza para salir de la opresión, de desafiar las jerarquías impuestas y mostrar que la dignidad y el talento no dependen de la geopolítica, sino de la voluntad de los pueblos.
El pueblo como espejo
El trato con la gente siempre termina reflejando la realidad. La derecha, por su alejamiento del pueblo, niega y menosprecia esa dimensión. Pero los visitantes lo han visto: México es un país que sabe recibir, que sabe convivir, que sabe celebrar.
En cada partido, en cada fiesta, en cada encuentro, se revela una verdad que no puede ocultarse: la fortaleza de México está en su gente. Y esa fortaleza es la que contradice las narrativas de fracaso y desesperanza.
El Mundial 2026, pese a todos los grandes hierros derivados por el impulso capitalista, ha resultado ser un espejo que refleja la realidad de México, una que de forma digna de analizar ha cambiado el "si se puede", por una frase que invita a tocar algo palpable, algo que está ahí pero sólo falta atreverse a develar, por que ¿y si, sí?



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