30 años antes del FIFA gate (México 86)
Cuando la corrupción ya jugaba en la cancha
En 1983, el mundo del fútbol se preparaba para elegir la sede del Mundial de 1986. Estados Unidos tenía todo para ganar: infraestructura, dinero y apoyo político. Pero México, que ya había organizado el Mundial del 70, terminó llevándose el premio. ¿Cómo? Con una jugada fuera del campo: la compra de voluntades dentro de la FIFA.
El golpe maestro de México
Según documentos y reportajes de la época, la candidatura mexicana fue impulsada por João Havelange, presidente de la FIFA, y Guillermo Cañedo, directivo de Televisa. Ambos movieron los hilos para asegurar votos a favor de México, ofreciendo beneficios económicos y promesas de transmisión televisiva. La FIFA justificó la decisión diciendo que México tenía “experiencia y pasión”, pero detrás había una red de intereses que hoy se reconocería como corrupción institucional.
Los estadounidenses denunciaron irregularidades en el proceso. Su propuesta era más sólida, pero la FIFA prefirió el dinero rápido y los acuerdos bajo la mesa. Lo que parecía una simple elección terminó siendo el primer gran escándalo moderno del fútbol. El Mundial de México 86 fue un éxito deportivo, sí, pero también un símbolo de cómo el poder y el dinero podían decidir más que el mérito.
El preludio del FIFA Gate
Décadas después, en 2015, el FIFA Gate destapó la misma estructura de corrupción que había comenzado en esos años. Los sobornos, las concesiones de derechos televisivos y las sedes compradas eran parte del mismo sistema que se gestó desde el Mundial del 86. Como dijo un investigador del caso: “México 86 fue el ensayo general del FIFA Gate”.
Treinta años antes del escándalo global, el fútbol ya tenía su propio guion de corrupción. México ganó el Mundial, pero el precio fue abrir la puerta a una era donde el balón se jugaba tanto en la cancha como en los despachos. Lo que empezó con votos comprados terminó con arrestos internacionales.



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