Una mano en el desierto.
Toda su vida había ambicionado poseerle, cada una de las líneas dibujadas por el corte exacto del sol le generaban el éxtasis total cuando le admiraba. Ante esa inconmensurable inmensidad, se dimensionaba a si mismo como alguien aún más grande. Sin embargo no había encontrado el modo de alcanzar su objetivo.
Sumergido en su contemplación matutina, no se percato de la presencia de un anciano vagabundo.
- Qué admiras con tanto detenimiento?.
- El objetivo de mi amor!. Estas sagradas arenas que se transforman una y otra vez con el paso de cada minuto.
- Noble admiración la tuya! Encontrar en la mutabilidad el amor constante!
- Sin embargo, heme aquí, destrozado por ser tan diminuto. Eso me impide poseerle!
- Pero, he ahí la respuesta a tu amor! Es tu propia dimensión lo que te ayuda!
- Viejo tonto! Para poder posser estas árenas, debería ser de la dimensión que mi sombra proyecta sobre ellas, para poder abrir mis puños y tomarle para mi.
- Nunca se poseé lo que se ama!
- Viejo tonto! Qué caso tiene, entonces amarle?
Y hundió su mano en la arena, una vez lo considero prudente, apreto su puño y levanto el brazo al cielo.
- He aquí mi desgracia! Lo que amo del desierto es su inmensidad! No deseeo poseer sólo una parte de él!
El viejo, sonrió, y abriendo la palma de su mano la hundió en la arena.
- Y sin embargo, yo soy capaz de amar su inmensidad!
- Absurdo! Eres aún más pequeño que yo!
El viejo soltó una carcajada, mientras avanzaba lentamente, con su mano abierta hundida en la arena, permitiendo que esta pudiera desplazarse entre sus dedos, cúal caricia eterna al cuerpo amado.
Sumergido en su contemplación matutina, no se percato de la presencia de un anciano vagabundo.
- Qué admiras con tanto detenimiento?.
- El objetivo de mi amor!. Estas sagradas arenas que se transforman una y otra vez con el paso de cada minuto.
- Noble admiración la tuya! Encontrar en la mutabilidad el amor constante!
- Sin embargo, heme aquí, destrozado por ser tan diminuto. Eso me impide poseerle!
- Pero, he ahí la respuesta a tu amor! Es tu propia dimensión lo que te ayuda!
- Viejo tonto! Para poder posser estas árenas, debería ser de la dimensión que mi sombra proyecta sobre ellas, para poder abrir mis puños y tomarle para mi.
- Nunca se poseé lo que se ama!
- Viejo tonto! Qué caso tiene, entonces amarle?
Y hundió su mano en la arena, una vez lo considero prudente, apreto su puño y levanto el brazo al cielo.
- He aquí mi desgracia! Lo que amo del desierto es su inmensidad! No deseeo poseer sólo una parte de él!
El viejo, sonrió, y abriendo la palma de su mano la hundió en la arena.
- Y sin embargo, yo soy capaz de amar su inmensidad!
- Absurdo! Eres aún más pequeño que yo!
El viejo soltó una carcajada, mientras avanzaba lentamente, con su mano abierta hundida en la arena, permitiendo que esta pudiera desplazarse entre sus dedos, cúal caricia eterna al cuerpo amado.


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