El espejo

Dicen todos que el espejo se había formado así, sin más, que un día en la alcoba este había aparecido, sutilmente enmarcado por un tallado en oro que trazaba el viaje de un viejo lobo a una elevada roca desde la cúal aullar a la luna. Nunca quise corregir tal aberración, pero acepte seguir el juego, nada valía romper la idea de tanta gente que gusta en atribuir historias mágicas a hechos simples y por demás vanales.

El ornamento había pertenecido a mi familia, a mi padre para ser preciso. En uno de sus tantos viajes a los pueblos bajos, una gitana se lo había obsequiado, más que un obsequio - me contaba -, era regresar el espejo a su legítimo dueño.

Se cuenta que todos vemos en los demás las fisuras de nuestra propia personalidad devueltas a nostros, esperando por nunca ser encontradas para que el engaño tenga efecto. Cuando miras en alguien virtud o defecto, es que miras tu propia imágen. Pero poca gente puede notarlo, es común que vayamos por ahí pensando que encontramos quien nos comprende, quien nos ama o quien nos guía. ¿No es acaso delicioso el jugar con la idea de mirar a esos ingenuos y decirles, hey, lo que dices ver es lo que quieres ver?

El día en que el espejo fue colgado en la pared, la habitación se llenó de un perfume delicado, embriagante al punto de envolverme en un trance imposible de romper. Durante esa primera noche con su complaciente lobo velando mi sueño, su voz se hizo presente
-
Regarde-moi. - decía.

Aclimatado a visitas espectrales desde la muerte de mi madre, abrí lentamente los ojos, y caminé de forma sigilosa al espejo, y entre la bruma de mis ojos que trataban de enfocar, la vi. Una delgado camisón blanco flotaba en una mágica danza por cada espacio de su cuerpo, deslumbrando mi nocturna mirada en una marea blanquisca interrumpida por momentos por el negro brillo de su pelo.

-
Regarde-moi.

Por dos semanas, intenté hablar con ella, más aunque todo lo anterior se repetía, al momento de que mis cuerdas vocales comenzaban a vibrar me veía abriendo mis ojos de vuelta en cama.

A la tercer semana, recordé el libro de mágia que se guardaba en el armario, y tratando de encontrar provecho en sus palabras, le estudie de forma cuidada y atenta durante varios días.

En la septuagésima noche, cuando nuevamante escuché la voz que clamaba mi asistencia, decidí pararme frente a ella, y tomando entre mis manos el marco áureo invoqué el canto que el libro recitaba, y al hacerlo la cálida mujer abrió sus ojos negros que penetraron hasta el fondo de mi alma, sumergiendome en un vacío carente de sentido alguno.

- Tu aimes ta cage? ou est-ce seulement que tu ne la vois pas?

Cuando abrí mis ojos, me vi de nueva cuenta en cama, lentamente me dirigí al viejo espejo y no me sorprendí al encontrar el reflejo de quien no corresponde con mi ser al otro lado del cristal.

Dicen todos que el espejo se había formado así, sin más, que
un día en la alcoba este había aparecido, sutilmente enmarcado por un tallado en oro que trazaba el viaje de un viejo lobo a una elevada roca desde la cúal aullar a la luna.

Dicen todos que el espejo estaba maltido, que si buscas encontrar en el tu imagen, encontrarás a cambio un alma en pena, un alma que solloza el regreso a su vieja vida.

No vivo en pena, en realidad no entiendo tal afirmación pues aún sigo esperando mi reflejo al otro lado del espejo.

Comentarios

Anónimo dijo…
Muy bueno, excelente.
BRAVO.

A.M.T

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