Merlín y una perrita vs millones de pesos
Clara Brugada se gastó millones para que el Ajolotito fuera la gran estrella durante el Mundial. ¿Y qué pasó? ¡Nada! Otro que intentó lo mismo fue Ricardo Salinas, queriéndose vender como “presidenciable” en la inauguración. Pero al final, un pato llamado Merlín y la frase “perrita de Trump” se robaron la escena.
El patito y “la perrita de Trump” arrasaron
Mientras Clara invirtió un dineral y Salinas se disfrazó de candidato, Merlín se volvió el rey del Mundial y Ricardo Salinas terminó siendo recordado por la frase que lo marcó. ¡No hay comparación!
- El Ajolotito ni pintó.
- Salinas entregó millones, ¿y qué pasó? “Perrita de Trump”.
- Merlín y una lomita se ganaron al público... ¡sin gastar ni un peso!
Cuando lo viral le gana a lo planeado
Lo de Merlín y “la perrita de Trump” nos recuerda que lo auténtico, lo espontáneo, siempre pega más que lo forzado. Según un estudio de la Universidad Católica de Cuenca, las estrategias orgánicas generan un engagement más duradero y significativo que las campañas pagadas, porque la gente conecta con lo genuino.
El estudio de la Universidad Católica de Cuenca titulado “Estrategias de comunicación digital y viralidad orgánica en entornos sociales” explica que el éxito de la viralidad natural se basa en tres factores clave:
Autenticidad emocional: las personas reaccionan más ante contenidos que perciben como reales o espontáneos. La emoción genuina —como la simpatía que generó Merlín— crea una conexión inmediata.
Participación colectiva: los usuarios se convierten en co-creadores del mensaje. Cuando comparten, comentan o transforman el contenido, lo legitiman socialmente.
Relevancia contextual: los temas que surgen de la conversación pública (como “la perrita de Trump”) se integran de forma orgánica en la narrativa social, sin necesidad de inversión.
El estudio concluye que las campañas orgánicas generan hasta 8.7 veces más interacción y un 65 % más de recordación que las campañas pagadas, porque el público siente que forma parte del fenómeno, no que se le está vendiendo algo.En palabras del informe: “La viralidad orgánica no se compra; se construye desde la emoción colectiva.”
Así que ya saben: ni ajolotitos carísimos ni disfrazarse de presidenciable pudieron con un pato y una perrita. Merlín y la lomita se llevaron la mundialista, demostrando que el cariño del pueblo no se compra, se gana.



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